Este año estuve trabajando un tiempo en un centro de
rehabilitación de adicciones, en el que no sólo aprendí de psicología clínica
sino de mí misma y de cómo manejamos los problemas en situaciones difíciles.
Quisiera relacionar este post
con el primero que hice, como una especie de continuación. La desventaja de
tragarse los sentimientos y preocupaciones, por razones externas como falta de
escucha o por no saber cómo ni a quién expresárselos, es que nos cargamos. Freud
concibe el aparato psíquico como un aparato reflejo (como en biología), es
decir, un conjunto de “compartimientos” que, como una máquina, necesita tener
la menor cantidad de energía interna acumulada y necesita conseguir medios para
descargarse[1]. Esto
se traduce a que lo que no sale por una puerta, sale por una ventana.
La represa
A veces no somos capaces de desahogarnos, es más, ni de poder sentir lo que sentimos porque nos rodeamos de un mundo que no nos deja, sino que favorece la inhibición. Este medio puede ser una amiga que nos diga “no te preocupes”, un jefe que nos dice “ni pienses en eso” o, incluso, una pareja que se ofende y le duele todo lo que le dices. Cuando esto pasa, explica Freud[2], existe una enorme sofocación de afectos y esto conlleva a un empobrecimiento de la energía disponible y, por lo tanto, una limitación de manera simultanea en muchos sitios.
Cuando las personas se acostumbran a no “descargar” estas energías
y a “atrofiar el músculo” de la expresión, el desahogo y la desinhibición, esta
energía se acumula y, por lo que he podido apreciar en la clínica, explota. Una
especie de Katie Ka-boom de los Animaniacs de Warner Bros (ver link al final[3]).
Al esto suceder, entonces se agreden a las personas, se rompen cosas y, a
veces, hasta la memoria se pierde. No con esto estoy sugiriendo que los ataques
de rabia son por causa del medio que nos rodea, sino que deberíamos estar
atentos de lo que nos pasa y qué del medio que nos rodea nos genera angustia.
Comisión anti-explosivos
Sólo experimentando pequeñas dosis de rabia o angustia, como dosificadas, la mente puede aprender a lidiar con las situaciones que las causan e ir desarrollando ese músculo, y así evitar que la mente se cargue y el sistema colapse.
- Para los Katie Ka-booms: tenemos que aprender a reconocer cuando estamos preocupados y angustiados, validarlo y buscar la forma adecuada de canalizarlo: ejercicio, meditación y/o, por su puesto, terapia. Estas señales suelen venir acompañados de signos fáciles de reconocer (insomnio, irritabilidad, ticks, amnesia…). Cuando explotes y choques, no puede ser por culpa de otro, cuando para llegar ahí, ya te comiste varios semáforos.
- Para amigos, familia o parejas de Katie Ka-booms: no poder tolerar la angustia o la tristeza puede conllevar a sentimientos peores, es seguir tapando con una curita (bandita) un hueco en una represa. Las cosas se pueden hablar cuando todavía media la razón. Aprovecha esos espacios de acercamiento que son manejables y probablemente podrás retrasar las explosiones.
[1] Laplanche, J. y Pontalis, J. (1968): Vocabulaire de la Psychanalyse.
París: PUF (Vers. Cast: Diccionario de Psicoanálisis. Barcelona: Labor, 1983).
[2] Freud, S.
(2000). Duelo y melancolía. En J. L. Etcheverry (Traduc.), Obras Completas: Sigmund Freud (Vol. 20). Buenos Aires: Amorrortu.
(Trabajo original publicado 1926)
Me encantó.
ResponderBorrarUn buen número de muchachos q atiendo tienen una gran represa adentro pues su medio entre pares no los escuchan y minimizan lo q les pasa, consecuencias: muchachos ansiosos,que se comen las uñas, no se concentran(muchos disgnosticad erróneamente con ADDH), agresividad.... y todo por no manifestar lo q sienten o les duele