jueves, 6 de febrero de 2020

No es No (Proyección e Identificación en las Relaciones)


Cuando buscas proyección en el diccionario, tiene muchísimas acepciones dependiendo del área en que te enfoques. Puede ser proyección en el tiempo, cómo estimas que se siga dando un fenómeno en el futuro o proyección de un cuerpo, como se mueve el objeto en el espacio. En psicoanálisis, según Laplanche y Fontalis (1996), es un mecanismo de defensa en el que la persona le atribuye a otro (persona o cosa) cualidades, sentimientos y deseos, que el sujeto no reconoce en sí mismo (e.g. si yo estoy molesto por algo, y no me doy cuenta, y le digo a otra persona: quita esa cara de perro bravo, y la otra persona no tiene idea de lo que hablas).
Por otro lado, la identificación es similar a la proyección en cuanto achaca características a la otra persona, pero lo hace introduciéndose la misma persona en el otro. 

Cuando tenemos un bebé, esta identificación se le conoce como "lectura de mente" y es fundamental para que el niño se desarrolle. Los padres saben cuando el bebé tiene hambre, frío o está incómodo, parte porque el niño puede dar señales, pero parte porque el mismo padre o madre lo siente. El ejemplo de la temperatura es el más fácil de entender: la madre se pone la chaqueta y acto seguido se la pone al niño. Con un bebé, más bien es peligroso que sus padres no puedan "leerle la mente", porque es así que sus necesidades se quedan en falta y puede estar el niño en peligro. En algunas ocasiones, cuando hay depresión post parto sin diagnosticar, las madres carecen de la posibilidad de contar con esto y es cuando el bebé se encuentra más vulnerable (razón por la cual es importante reconocer, validar, acompañar y tratar una depresión post parto). 

Digamos que la madre (digamos madre pero puede ser figura materna) y el bebé son casi casi dos círculos solapados. A medida que el bebé va creciendo, este doble círculo se va separando progresivamente, así como las células. Al principio, parecería como un maní, dos círculos perfectamente pegados pero con el tiempo estos círculos se van definiendo. La madre tiene que volver a aprender a cerrar su círculo (con actividades que promuevan su identidad - trabajo, ejercicio, tiempo personal) y el niño tiene toda su vida para ir cerrando muy lentamente su círculo. 

Cuando le preguntas a un padre o madre que qué quisiera que fuera su hijo en 30 años, palabras como "independiente, honesto, seguro de sí mismo, trabajador" suelen salir con orgullo. Todas son palabras que representaría un círculo cerrado, un círculo que contenga a la persona, que no se derrame ni se descarrile por caminos no deseados. Sin embargo, los padres tienen que preguntarse cómo están contribuyendo ellos para que esto suceda. La línea es muy delgada.

El niño tiene que ir aprendiendo a decir que elementos lo definen a él como persona (como círculo) y que elementos no. Y todo esto se hace con la palabra NO. Este no significa: no soy tú, soy yo. Yo quiero, yo deseo, yo busco, yo sé. Por eso hay que estar muy atentos a este no. Si el padre le pregunta a un niño que ya es capaz de reconocer ciertas percepciones, si tiene frío y el niño dice no, es importante respetarlo. Forzarlo a ponerse el sweater es forzarlo a seguir teniendo su círculo abierto. Si a una niña no quiere que le hagan cosquillas porque se siente mal, que la abuela la sigue haciendo reir con cosquillas es una transgresión a su "persona" (círculo), es un mensaje de "lo que tu sientes no importa, importa lo que yo quiero hacer". Cuando este niño crece y se convierte en adulto, ese NO es determinante en sus decisiones de vida, es lo que hará que tenga un trabajo, relaciones y vida exitosa o no. Honestamente, es muy difícil acertar en ese no, por eso necesitamos desde el principio respetarlo y validarlo, sólo así el niño se sentirá cómodo poniéndolo en práctica. 

La pregunta como criadores es: ¿entonces lo dejo hacer lo que quiera para que practique el no? Para nada. Algunos de estos "no" son respetables e indiscutibles, como el ejemplo de las cosquillas, otros se pueden poner en práctica, ¿quiere salir con una camisa sin mangas al frío? Pues con que pase 30 segundos en el frío se dará cuenta (consecuencia lógica). ¿Que se hace con un no imponente e importante de un padre? Hay que revisar como se ha manejado el tema hasta ahora. ¿Quiere un dulce y ya comió suficiente? ¿Utilizo el dulce para manipular, premiar o castigar? ¿Cuál ha sido mi relación con el dulce? Desafortunadamente, no podemos cambiar las reglas cuando queramos, y los niños perciben las reglas fácilmente. ¿Como ha sido mi "no" anteriormente? ¿Empiezo diciendo no y luego termino cediendo para ahorrarme la pelea? ¿He sido coherente mis creencias y mis acciones? ¿Anticipaste las reglas antes de comenzar la actividad? No siempre tenemos facilidad contestando esto, pero es determinante para saber qué clase de "círculo" queremos que el niño tenga. Siempre podemos buscar ayuda, como dice la frase en inglés  "se necesita un pueblo" (It takes a village). 

Consejo No Solicitado


Lo que más me frena de publicar lo que pienso es que no creo que lo que sé pueda ayudar a nadie, porque ya todo se sabe y quién quiere saberlo, va a tener dónde buscar y quien no quiere saberlo, no va a servirle lo que digo. 

Una de las premisas con las que quiero arrancar es que uno no puede ayudar en donde no hay demanda. La demanda se crea cuando la persona que busca (terapia, ayuda, consejo…) se da cuenta que algo le falta. Para esto, tiene que saber que algo quiere, también.

En diferentes aspectos de mi vida me he dado cuenta que cuando la persona no cree que algo le falta, pues no hay nada que hacer. Objetivamente, a todos nos falta algo, pero las razones para buscarlo o no son diferentes. Quizás hay quienes creen que es inalcanzable, otros que piensan que están cómodos donde están y buscar algo nuevo les da mucho miedo, o quizás no saben qué es lo que les hace falta como para buscarlo. Y, así como "la belleza depende del ojo quien la mire" pues la falta también, lo que le falta a una persona no necesariamente le falta a otra.

Los juicios de valor, la moralidad y la culpabilización viene cuando una persona decide qué es lo que le hace falta a la otra, en un aspecto que no afecta su vida. Por ejemplo, la conformación de una pareja se hace con las personas involucradas; todas aquellas personas que estén por fuera de esta pareja no tienen derecho de tomar decisiones u opinar, puesto que dicho amor no involucra a más nadie. Ahora, si la decisión de no vacunar influye en la facilidad en la que un virus se propaga, pues las personas involucradas tienen derecho a tomar cartas en el asunto. Por ejemplo, no puede asistir al colegio hasta que no cubra el cuadro de vacunación.

Con la maternidad pasa un fenómeno muy interesante. Cuando tenemos una dificultad, así sea sueño, alimentación, salud o crianza, las madres invertimos mucho tiempo averiguando y resolviendo dicha problemática y básicamente nos hacemos expertas en el asunto. Muchas veces estas problemáticas se superan solas, muchas veces los niños maduran y otras veces hacemos los cambios necesarios para darle solución. Esto nos hace "expertas". El corolario que hace falta es decir: somos expertas en el problema que a mi hijo y a mí nos ocurrió. Y este agregado hace la diferencia entre un consejo "deseado" y un consejo "agresivo".

Cuando en terapia se hace una interpretación fuera del encuadre de consulta (donde hay queja, demanda y rapport), se dice que dicha interpretación es agresiva, porque estás transgrediendo los límites permitidos con poca información con la única finalidad de complacer un deseo narcisista de "ayudar", que se encuentra enmascarado, por su puesto.

Cuando una madre le dice a otra que no use biberón/tetero, sino que amamante; cuando un padre le dice a otro que entrene a su hijo para que duerma y cuando una abuela dice "no le estás dando suficiente de comer, mira como quiere seguir chupando", o cuando juzgas porque la comida que le están dando a un niño es inadecuada, es una agresión. La única finalidad es culpar y hacer sentir a la otra persona como si no tiene la verdad.


Los consejos se dan cuando se solicitan (las madres pedimos muchísima ayuda) y el verdadero amor familiar se demuestra en poder complacer esta demanda sin invadir los otros terrenos. Hay un par de cuentas en instagram que se llaman @commonwild y @kids.eat.in.color que habla justamente de cómo hay que anular la culpa, el juicio y las opiniones. Sólo hacen daño (a veces reversible, a veces no - dependiendo de quien lo emita). Cuando respetamos que hay tantas verdades como personas hay, seremos modelo a seguir para las siguientes generaciones.

Rutinas, con R mayúscula

Ser constante es difícil en el día a día y por el contrario, no tener rutina es a veces caótico. No sólo para los adultos, sino para los niños. La rutina le da cierta estructura a la vida, le da orden. En los niños, los efectos son mucho más impactantes. Todo el mundo habla de rutina, las asesoras de sueño (que ya es otro tema) sugieren una rutina para promover el sueño sin interrupción; los expertos dicen que las rutinas se convierten en hábitos automáticos en 28 días, todos tenemos algo que opinar sobre la rutina. Pero la rutina no es solo un horario o un orden de hacer las cosas, la rutina es congruencia, constancia y predictibilidad. 

En el documental de Netflix "el comienzo de la vida" mencionan que los niños son científicos, y todos podemos evidenciar cómo un niño necesita experimentar la realidad, incluso más de lo que nos gustaría. Necesitan tocar, ver, oler y hasta probar para entender y aprehender la realidad. Este sentido de experimentación se corresponde con el método científico del que hemos estado escuchando desde los filósofos. 

Los objetivos del método científico son conocer, predecir y sobretodo controlar. Si conozco cómo es la realidad porque es igual siempre, voy a poder predecirla. Esta predicción da seguridad y estabilidad. Y cuando sé qué va a pasar, pues puedo anticiparme para hacer los cambios que necesito para ajustar los resultados convenientemente. El método científico es la base del edificio interno del niño.

¿Qué pasaría si las horas y las actividades son predecibles, pero quienes rodean al niño y su afecto no? La realidad y la estabilidad pasa a ser incierta e inesperada, y por lo tanto insegura. 
Dividámoslo en dos partes: las palabras y el afecto. Las palabras importan, lo que le decimos a nuestros hijos importa. Si primero decimos que algo va a pasar y no pasa, tenemos que prometer en la siguiente oportunidad, y luego jurar, y luego jurar y matar hasta los padres y al perro. Los niños pescan la mentira (las incongruencias palabra-realidad) muy rápido. La palabra es tanto o más importante que la hora de la comida. Si nos vamos, tenemos que decirle a nuestros hijos: nos vamos x tiempo, no escaparnos sin que no nos vea, no decirle que vamos al baño y luego no volver por horas. La palabra empieza a ser vacía, y todos sabemos las consecuencias de una palabra vacía. Pensemos en la fama de los políticos, por ejemplo.

¿Qué pasa con el afecto inconstante? No es vivir el vaivén de emociones que son esperados. A veces estamos tristes, a veces estamos felices. Esto es normal. Es que un niño piense que ciertas conductas produzcan orgullo y ciertas conductas no, es que un niño piense que sus acciones, pensamientos y sentimientos produzcan que sus padres retiren el afecto de él. Esto es desgarrador para un niño, cuya vida tiene sentido porque está presente en la mente de sus padres. Los niños tienen que estar rodeados de afecto constante. No es permitir todo y un laissez faire ilimitado. Es entender que las conductas indeseadas (luego pensaremos esto) son errores y el amor de su familia siempre estará presente independientemente de su conducta.


El primer paso es ser congruente internamente, nuestras creencias, valores, acciones, pensamientos y sentimientos y luego es reflejar esta congruencia a nuestros hijos. Si el mundo es un caos a veces, pues que nuestro núcleo familiar no sea.