Hace un tiempo me di cuenta con una
paciente un aspecto nuevo de los celos. Muchas parejas asisten a consulta porque
se sienten asfixiadas por sus parejas celosas, que dejaron de ser “normales” y
pasaron a ser asfixiantes, persecutorias,
mentirosas y hasta peligrosas;
también está el otro lado, muchas personas vienen porque genuinamente quieren
cambiar, quieren dejar de ser celosas y dejar de sufrir en exceso por la
desconfianza que sienten al estar con su pareja.
Para que vean hasta que punto llega,
los celos pueden hacer que un administrador se vuelva un experto en hackeo de
celulares, que una artista se vuelva una espía y que un estudiante sea capaz de
orquestar eventos para que parezcan coincidencia y buscar atrapar a su pareja in fraganti.
Lo verdaderamente preocupante de una
pareja dominada por los celos es como “la víctima” se va adaptando a convivir
con los celos. Esta adaptación implica normalizar lo que no sólo es excesivo
para los demás, sino normalizar lo limitada que resultó ser su vida. La
normalización es lo verdaderamente preocupante en una pareja dominada por los
celos.
Unos ejemplos sencillos, una mujer que se
vestía con faldas, deja de hacerlo para evitar peleas y un hombre simpático y
sociable bloquea a todas las mujeres de su WhatsApp y Facebook para demostrarle
a su pareja que no le interesa buscar a otra.
Dimensión de la realidad en la fantasía
El hallazgo al que me refería es como la
“víctima” intenta probar y demostrar con hechos de la realidad algo que surge
de la fantasía de un celoso. El celoso se imagina escenarios, muchas veces sin
pruebas suficientes. El celoso vive la infidelidad como si estuviese pasando,
está seguro que la mirada del compañero de trabajo significa que se quiere devorar a su mujer y, además, está en lo cierto que todos esos mensajes y
llamadas ocultan un secreto. Nada de esto existe en el plano real, sino ocurre
en la fantasía del celoso.
Esta fantasía está alimentada, no sólo
por pequeños estímulos de la realidad, sino también por la historia familiar,
por los propios fantasmas, por miedos, etc. Cuando esto se torna verdaderamente
preocupante es cuando poco a poco, la parte celada se engancha en esta fantasía
(por una razón consciente y/o inconsciente) e intenta probar y probar en el
plano real que no es infiel y, cuando esto ocurre, el deseo y lo propio se va
tornando gris y monótono. La parte celada deja de salir (sobretodo sola), deja
de arreglarse, deja de tener privacidad, deja de socializar y, por lo tanto,
deja de vivir. Como les digo a los pacientes: se vuelven una masa gris que no
se reconocen cuando se ven en el espejo.
El deseo
es un término clave en el psicoanálisis y todavía me cuesta aprehenderlo para
poderlo explicar. Kroitor (2007)[1]
hace un buen análisis para los que quieran revisarlo. El deseo no es únicamente
lo que se anhela (deseo tener una casa propia), ni lo que se necesita (deseo
tomar agua), el deseo es como la piedra angular de lo que somos, la raíz de lo
que nos define y es lo que nos encamina a seguir creciendo y cambiar, es algo
muy inconsciente que es muy propio y nos hace quienes somos. Está relacionado
con la autoestima, con los gustos, con nuestra escogencia de pareja, etc. Cuando
intentamos por todos los medios cambiar nuestra realidad para complacer y
apaciguar los celos del otro, nos enganchamos en un espiral descendiente,
porque la mayoría de las veces, estas pruebas de realidad (y de “amor”) no
sirven de nada para la siguiente pelea. Una madre muy angustiada me decía:
“cómo voy a ser infiel si mi hija se encuentra hospitalizada ¡no tengo cabeza
para buscar a ningún hombre!”.
¿Qué hacer?
El tema de los celos está muy machacado y
considero, obviamente, que la terapia es la solución, tanto la individual como
la de pareja. Los celos son gritos de algo muy profundo que está pasando: miedos,
angustias, preocupaciones, hipótesis y fantasías. Lo primero que hacer es
reconocer que existen y que son graves. Cuando tu versión actual no se compara
con tu versión de hace unos años cuando arrancaste la relación y ni te
reconoces, algo está pasando y hay que profundizar en esta alerta. Antes de
seguir limitando y recortando tu vida, pon un parado y analiza la situación. Los celos, justificados o no, no deberían ser parte de la relación. A
veces tú no eres quien debes curarle a tu pareja los celos, sino más bien alejarte antes de que sea demasiado tarde.
[1] Kroitor, G. (2007). Conferencia:
Pulsión y Deseo en la Obra De Sigmund Freud. De www.psicoestudio.com.ar/documentos_word/pulsionydeseo.doc
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